Mariano o la necesidad de encontrar ‘el sitio’

La realidad, son cosas de la vida, hay que asumirla de cara. Podemos esquivarla, ponernos de perfil, esconder la cabeza como el avestruz… pero, finalmente, termina prevaleciendo e imponiéndose. Hay frases que en el mundo del deporte nos gustaría no escuchar nunca, pero son recurrentes: “En el Madrid no saben qué hacer con Mariano”.

Qué duro es ese “no saben qué hacer”. La situación que ha protagonizado en las últimas semanas el joven delantero refleja con nitidez la complejidad del mundo del fútbol hoy: el cruce de intereses, de emociones, de calendarios, de influencias y, desde luego, el factor económico para quienes saben que pueden desempeñarse con altísimos sueldos, en teoría, sólo durante unas temporadas.

Las últimas horas del mercado de fichajes abrieron la posibilidad de que Mariano saliera temporalmente del club, una maniobra que ha venido intentando el equipo de la Castellana en numerosas ocasiones, pero el futbolista no quiere ni ha querido oír hablar de emigrar. Tampoco cuando le ha llegado una propuesta muy importante del Rayo Vallecano, con modificaciones en su salario, que se sitúa en los nada despreciables 4,2 millones de euros netos por ejercicio.

No es fácil juzgar las decisiones profesionales ajenas. Aun así, y desde la distancia, cuesta creer que sin un cambio de ciudad y sin un cambio en sus honorarios, un futbolista siga aferrado al banquillo o a la grada, en un momento en el que debería estar desarrollándose con la máxima fuerza y potencia, renunciando a un traspaso que le proporcionaría minutos y, quién sabe si muchos goles y posibilidades de engancharse a la selección española, que no anda precisamente sobrada en los tiempos que corren.

La de cualquier deportista de elite es una carrera cuya gráfica traza la línea de una campaña. Es un auténtico reto, nada sencillo, hacer muy alargada, muy prolongada en el tiempo la parte alta. Pero sobre todo, es decisivo saber en qué equipo hay que tocar ese techo. La edad es implacable, el paso de los años es inevitable, y hay decisiones que, por esquemas que rompan, es vital tomarlas con valentía. Esto evita arrepentimientos, como casi todos, tardíos y estériles.

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