La buena gestión hace los mejores triunfos

Hay éxitos en la vida de los deportistas que se hacen, que maduran y que cuajan de manera callada, sin sobresaltos, a base de resultados y resultados, sin alharacas ni adornos de ninguna índole. Son los de determinados deportistas que escalan para estar en el panteón de los elegidos y se mantienen por su constancia y la discreción.

Un caso de manual es el del madridista Toni Kross. Sólo el tiempo dirá si finalmente adquiere, al retirarse, la categoría de ‘leyenda’ reservada para un estrechísimo grupo de tocados por el destino, pero sin duda su legado será el de un futbolista, de los pies a la cabeza, modélico en numerosos de sus aspectos, y esto lleva a mirar dentro y fuera del terreno de juego.

Desde el minuto uno caló en el club, hizo lo propio en la afición, y se ha distinguido por una conducta de ésas que, además, gustan a los presidentes. La coordinación con compañeros como Modric o Casemiro ha sido plena, su apego a los colores de la entidad de Concha Espina son indiscutibles, después de ocho años no ha existido problema alguno en sus renovaciones, la compaginación de su entrega también a la selección alemana ha seguido una línea potente y ascendente…

Todo, con un mérito añadido: ha sido golpeado por las lesiones y se ha sobrepuesto a ellas sin dramatismos, con entereza, en un camino de recuperación eficaz siempre que han llegado, también cuando se ha tratado de molestias que le han mantenido alejado del verde dos/tres fines de semana.

  Pura discreción y pura eficacia. Algo que, más allá del talento, se consigue -y cuando no está ahí de manera innata hay que trabajarlo- desde un coco bien amueblado y poco tendente a los sobresaltos. Un magnífico mensaje para las categorías inferiores, un espejo al que desde el fútbol base puede y debe mirarse.

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