El emprendedor, en un entorno vertiginoso y cambiante

Para un empresario, en un escenario convulso, la planificación es más difícil que en el pasado, pero igualmente ineludible y vital. Los pronósticos, las predicciones de patrones en el medio y el largo plazo no son fáciles de adivinar. No es sencillo desentrañar las pautas que puedan actuar como brújula para enfrentar la complejidad y la incertidumbre.

La cultura organizacional sólo puede, a mi juicio, enfocarse en la búsqueda de nuevas ideas, incluidas y a veces principalmente las disruptivas, para la producción de bienes y la prestación de servicios que puedan satisfacer las distintas necesidades de las personas y seguir actuando como motor de la economía.

No son pocas las ocasiones en las que el propio emprendimiento nace del caos, en la mente de algún millenial que le da al botón on de alguna startup que, más allá de su visión a largo plazo, busca la solución del momento, para hoy, con un gran sentido de la oportunidad.

Si alguna vez no había sido así, lo evidente es que estamos en plena travesía de una era en la que la empresa debe tener una interacción total con el entorno, adaptándose a sus novedades. Gana más cuanto menos es concebida como un sistema cerrado.

Como siempre, o casi siempre, Estados Unidos corre aquí con ventaja, y ya hace años que, sus gurús aplican las ciencias de la complejidad a los procesos de planificación y dirección de compañías. Cada día son más las variables que inciden en la evolución de un proyecto, y más complejas las ecuaciones que hay que resolver para que ese proyecto avance, navegue, y se abra paso entre las aguas en compases de marejada y fuerte marejada.

Siempre he defendido que los emprendedores, casi o totalmente de forma inconsciente, pero tomamos decisiones que pueden ser perfectamente explicadas de acuerdo a modelos teóricos y conceptuales, matemáticos e incluso computacionales.

Mi idea de negocio es la de un sistema en el que tiene que estar presente una estrategia de auto-renovación; y eso significa, vez tras vez, ir a una disolución y creación continua de un nuevo orden. En esta dinámica, de hecho, y para el propio líder, hay un punto de aprendizaje, hay algo diría que hasta adictivo… una satisfacción en el proceso creativo que tiende a retroalimentarse. ¿Están todos los emprendedores preparados para atrapar este horizonte?

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