Conor McGregor y el poder de recuperación de los campeones

Es complicado predecir hacia dónde se dirigirá la carrera del irlandés en adelante. En el momento cumbre de la revancha, en el final (¿o no?) de la trilogía frente a Dustin Poirier, The Notorious terminaba en el suelo, derrotado tras sufrir una espeluznante fractura en su pierna. Pero precisamente desde la lona, lleno de furia y determinación, avisó: “esto no termina aquí”.

Las artes marciales mixtas (MMA) se han convertido en un fenómeno mundial cuyas veladas pueden ya equipararse a las grandes del boxeo, y esto no hubiese sucedido en gran parte del globo si no se hubiesen dado increíbles fenómenos como el de este inimitable luchador, un poder de la naturaleza en lo físico y, en sí mismo, puro platino para el marketing.

Con algún traspié, pero su carrera ha sido jalonada éxito tras éxito, hito tras hito, golpe de poder tras golpe de poder. Ahora ha llegado, sin embargo, a su verdadera encrucijada. Un número 1 sólo puede llegar a serlo convirtiéndose previamente en un titán en términos de músculo mental, y éste es el caso.

Pero ahora se encuentra en su hora de la verdad. Más allá de sus condiciones innatas para la práctica el deporte, su guerra emocional consigo mismo, su nervio para ponerse en pie y competir al primer nivel en un año, o en dos, determinará si hay tetralogía y reválida o, por el contrario, si abandona definitivamente la jaula.

No es fácil para un guerrero decir adiós tras un KO técnico que le lleva a un rincón del octágono y le deja agazapado, golpeado como a un animal frente a otro. Los médicos y la ciencia tienen trabajo por delante, pero nunca tanto como el que el propio Notorious tiene en su propio interior. Ésta es hoy la clave de bóveda de su ya ansiadísima y quizá espectacular recuperación.

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