El caso ‘Griezmann-Simeone’ y la optimización de las estrellas

A Leo Messi se le ha reprochado durante años que el magnífico rendimiento alcanzado en el FC Barcelona nunca ha sido capaz de llevarlo a la selección de Argentina. ¿Por qué? ¿El entrenador, el equipo, el método de trabajo, la planificación deportiva…?

A veces hay factores que escapan a los citados y que están únicamente en la piel, en la mente, en las emociones del futbolista, en sus sensaciones. Y no son fáciles de describir ni explicar. Sucede a menudo y el caso de Griezmann, otro indiscutible astro del fútbol mundial es paradigmático.

Su carrera se ha frenado (es verdad que sin pararse en seco) desde que abandonó la disciplina colchonera, por lo que tiene todo el sentido que, para seguir relanzándola, se plantee su vuelta al Wanda estos días.

No sería sencillo pormenorizar por qué no ha terminado de cuajar vestido de blaugrana, y la sombra alargada del propio Messi puede haber condicionado, no precisamente en positivo, su evolución. Pero algo es claro: la sintonía con Simeone, el entendimiento pleno, el funcionamiento como tándem (cada uno desde sus competencias y responsabilidades) provocó que el francés diese lo mejor de toda su carrera.

Es bueno entender que el talento de un futbolista (son personas) es moldeable, que aunque siempre esté ahí pero puede hacerse crecer o puede llegar a malograrse. Y esto trasciende lo puramente físico (los entrenos o la forma) sino que está en el ADN emocional del jugador.

Somos seres racionales sí, pero, con enorme fuerza en el mundo del deporte, hay otros elementos de la ecuación de un deportista que pesan… y mucho. Ahí está la causa más profunda de la optimización, y su mantenimiento en el tiempo, del rendimiento de una gran estrella.

Griezmann-Simeone

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