El ADN de la competitividad… no tiene edad

En el mundo del deporte, como en la empresa, como en la vida, hay a quienes se les entiende todo. Concluye Simeone, en una entrevista, que “Luis Suárez, con 50 años, meterá dos goles y ganará su equipo”. Lo hace lapidariamente. Y probablemente tiene razón. ¿Por qué estamos ante algo más que una provocación o una frase pronunciada en el ánimo, como así ha sido, de convertirla en un feliz titular?

El hecho es incontrovertible. Hay deportistas que, más allá del paso de los años, del peso de la edad, conservan e incluso incrementan ante la adversidad un instinto de pura supervivencia que les hace aferrarse, temporada tras temporada, a un deseo irrefrenable de estar en lo más alto, de triunfar, de seguir siendo los mejores… de dar más y más. No porque necesiten acreditar virtudes en la recta final de su carrera ante terceras personas, ante el público o los espectadores, sino porque lo necesitan para consigo mismos.

Es el ADN de la competitividad y es perfectamente visible en quienes siguen en la elite avanzando hacia los cuarenta años. Es el caso de Nadal en el tenis, de Cristiano en el fútbol; de otros jugadores con formidable talento con perfiles muy diversos, como el bético Joaquín, que además lo ha explotado como showman: puro carácter.

Men sana in corpore sano, dice el clásico. Y no sólo Luis Suárez: hay una galería de números uno que ratifican con sus hechos que, con fortaleza mental, la preparación física y los resultados pueden alcanzar hitos verdaderamente milagrosos y que, sin ningún género de dudas, engrandecen el deporte y a quienes llevan, desde las cumbres, su bandera.

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